LAS NUBES

Pasan, vienen se van…

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Desde muy joven me impresionaron las nubes, me pasaba horas mirando al cielo observándolas. Creo que mi afición a la fotografía, la motivaron las nubes, tan blancas, tan negras, tan rojas, tan grises, tan cambiantes, tan efímeras, tan geométricamente diversas. Investigué sobre ellas, cómo se formaban, sus nombres, cómo podían mantenerse en el aire con ese volumen de lluvia, nieve, granizo, piedra… Y todavía no comprendo del todo su magnitud, su fuerza, su electricidad… Pasan, vienen, se van, invaden la luz, decoloran el paisaje, pasan sobre mi con violencia, ligereza, sosiego, dependiendo de sus vesículas huecas, pequeñas, líquidas, de la evaporación, de esos rayos solares que las cargan o alimentan con su intensidad… Se dejan llevar por las capas de aire muy seco, los vapores, la energía, la fuerza misteriosa del universo. Y presientes cuando tienen frío, cuando se evaporan, cuando se enfadan y lanzan sus rayos ardientes, cuando se mueren dejando el cielo raso. Mi madre y yo nos escondíamos con mucho miedo en el rincón más apartado, rezábamos a Santa Bárbara esperando que pasara la tormenta. Y cuando esas nubes tardaban en marcharse, nos refugiábamos en el coche dentro del garaje y no, no han dejado de asustarme con sus relámpagos y truenos estremecedores. Pero aún así son bellas, por eso, porque sonríen, se enfadan, se esconden y suspendidas en el aire exhiben sus figuras, nos sorprenden.

©Julie Sopetrán

Autor: Julie Sopetrán

Escribo porque no puedo dejar de hacerlo Quiero aprender de los que saben más y enseñar a los que saben menos.

21 comentarios en “LAS NUBES”

  1. Las nubes, anunciadoras del tiempo… mosaicos cambiantes del cielo, bellas, misteriosas o amenazantes y a veces tan deseadas para aliviar la sed de los campos.
    Tenía mucho miedo a las tormentas y recuerdo un día, con mis hijos muy pequeños, una tormenta muy fuerte, los tres agachados en un rincón de la habitación más interior que teníamos… Pensé que debía dominar ese miedo para no transmitírselo a ellos, así que nos acercamos a la ventana y por primera vez miré la tormenta cara a cara. Hoy ya no me da miedo y a ellos tampoco.
    Abrazos.

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  2. Llevo latidos de corazones tras las nubes, navego en ellas con la misma mirada que describes, cuando intento sentir entre esas sensaciones los movimientos giratorios del planeta, regreso a ti para que me lleves de la mano con tus palabras.

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