MI VENTANA

Sólo abriendo ventanas, compartimos el cielo.

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No podría vivir sin ella, sin dejar que pase la luz, la ventilación a mi pequeño espacio. No podría saber qué día hace. Las nubes, la lluvia, el sol, las sombras, forman parte de su abertura sobre el suelo. Ella me regala posibilidades sin fin. Me hace sentir  a unos pies de la tierra, secunda mis ideas, es la sonrisa de los amaneceres y la esperanza de un día feliz. La ventana es también mi despertador. Mi madre la adornaba con geranios, costumbre que mantengo y cuido… Sus flores, su esencia, sus colores me recuerdan la fugacidad de las cosas, pero también la importancia de mantener vivo un sólo instante  de belleza. En invierno, mi ventana se desnuda, como los árboles; en primavera, es femenina y se vuelve coqueta y alegre. La ventana es altavoz de vida, desde ella les hablo a los gatos callejeros, sonrío con los mirlos que traviesamente picotean la tierra en la mañana o escucho el canto de las golondrinas o contemplo el paso del rebaño por el cerro… La ventana es también la puerta que da al mundo, que conecta con lo exterior, que trasciende y divulga noticias. Sin ventanas no nos visitarían las musas ni podrían irse los miedos. Sin una ventana abierta no podría escuchar al Amor ni sujetar mis manos en la verja o aspirar el aroma de una tierra mojada. Sin ventana, mis versos, no tendrían palabras.

©Julie Sopetrán

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Pintura inspirada en este trabajo y  enviada por la artista: 
Pilar San Andrés.

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