MI VENTANA

Sólo abriendo ventanas, compartimos el cielo.

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No podría vivir sin ella, sin dejar que pase la luz, la ventilación a mi pequeño espacio. No podría saber qué día hace. Las nubes, la lluvia, el sol, las sombras, forman parte de su abertura sobre el suelo. Ella me regala posibilidades sin fin. Me hace sentir  a unos pies de la tierra, secunda mis ideas, es la sonrisa de los amaneceres y la esperanza de un día feliz. La ventana es también mi despertador. Mi madre la adornaba con geranios, costumbre que mantengo y cuido… Sus flores, su esencia, sus colores me recuerdan la fugacidad de las cosas, pero también la importancia de mantener vivo un sólo instante  de belleza. En invierno, mi ventana se desnuda, como los árboles; en primavera, es femenina y se vuelve coqueta y alegre. La ventana es altavoz de vida, desde ella les hablo a los gatos callejeros, sonrío con los mirlos que traviesamente picotean la tierra en la mañana o escucho el canto de las golondrinas o contemplo el paso del rebaño por el cerro… La ventana es también la puerta que da al mundo, que conecta con lo exterior, que trasciende y divulga noticias. Sin ventanas no nos visitarían las musas ni podrían irse los miedos. Sin una ventana abierta no podría escuchar al Amor ni sujetar mis manos en la verja o aspirar el aroma de una tierra mojada. Sin ventana, mis versos, no tendrían palabras.

©Julie Sopetrán

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Pintura inspirada en este trabajo y  enviada por la artista: 
Pilar San Andrés.

ARCOÍRIS

Cuando la Poesía habla sin palabras…

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Todavía se oye algún trueno, estoy de espalda al sol con mi cámara, me sorprendo,  los colores se van formando a través de los rayos del Sol en las gotas de lluvia, ese reflejo es como un suspiro divino que llega a la tierra justo frente a mis ojos. Este fenómeno meteorológico es fascinante, es uno de esos milagros de la naturaleza que me seducen y me asombran; no puedo entender del todo este milagro que la luz proyecta y refracta en las gotas de lluvia y cómo esta luz se descompone en colores formando esa misma curva de la tal menudencia de agua. Su filtro entre las nubes, sus siete colores exhibiendo belleza en forma de puente entre el cielo y la tierra. Me detengo mirando los colores: rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul, índigo, violeta… y tantos más que se nos ocurren en la mirada, toda una gama que según Newton, componen la luz blanca del sol.  Creo que nunca viviré lo suficiente para entender este fenómeno óptico. Manifestación espectacular de todo un poema en vivo y sin palabras.


©Julie Sopetrán

LA DESNUDA INOCENCIA

Cuando la energía del mar nos vuelve niños…

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LA DESNUDA INOCENCIA

Porque según la ciencia, la vida comenzó en la mar y frente a esa inmensidad nos sentimos tan niños, tan desnudos, tan frágiles… Nos fascina su movimiento, su fuerza, su belleza. La contemplación del niño desnudo frente al agua, me sugiere la bondad y la maldad del mundo representada en la riqueza marina. Aunque en el placentero gusto del juego, presiento también la furia perversa del oleaje en los huracanes… En esa situación ambivalente de desnudez y frescura, es donde y cuando aprendemos a ser libres. Me atraen los azules, las espumas, los reflejos del sol en la húmeda arena. Siento el agua en mis pies descalzos y espero que la ola me empuje en su vaivén contradictorio de vivencias. Me fascina la vida en movimiento, los pasos de este niño viviente, el miedo, la candidez, el asombro, las nuevas sensaciones, la impresión, el estreno. Es el deseo de comunicarse con el misterio o de interpretar el mensaje del tiempo. Es el placer, la inconsciencia, el candor de sentir en la simpleza aparente de lo inmenso, lo que impulsa a los pies dar un paso… ¡Y son tantas, tantas cosas las que expresan la pureza del ser en el instante…!

©Julie Sopetrán

EL PERFIL DEL ORIGEN

El desarrollo de la flor sustenta la esperanza.

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EL PERFIL DEL ORIGEN 

Entre la variedad de árboles que me rodean, el primero en florecer es el almendro, se atreve a desafiar al frío, incluso se expone al hielo, por lo tanto a la muerte. Es por ello que me conmueve su ternura, su espontaneidad, su belleza asentada en esa bondad del primer atisbo de la primavera. Lo efímero, lo breve, lo fugaz, se me antoja en la flor que apenas al tocarla se deshoja.  Y en esa dulzura de lo momentáneo existe como una semiverdad  ancestral, algo que me transciende y se materializa en el instante. ¿Y cómo definir adecuadamente este milagro?  Podría decir que esta flor es lo que los griegos llamarían: «divinidad alegórica», no sólo por su estética, también por su floración que me produce Concordia, Alegría, Felicidad…   La esencia y la forma de la flor, su fugacidad, su belleza, me fascina, cinco pétalos tan frágiles entregados al capricho del viento, al azote de la lluvia, al beso del hielo o a mis torpes manos al tocarla…  Y sin embargo, cuánta belleza en un sólo almendro… Miles de flores, algunas apiñadas otras solas, sonrientes en esa transformación de sus brotes.    Es en ese instante, cuando la belleza se completa en la mirada y en el corazón reaparece el entusiasmo. 

©Julie Sopetrán

LA ZANJA Y EL ESPEJO

…porque nunca sabemos quien habita a nuestro alrededor…

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 Un cauce sumergido entre los trigales, reposa el cielo en sus espejos, mientras las espigas se miran en la serenidad del agua embarrada. Se abren zanjas que no se ven. El lodo penetra las grietas abiertas a las humedades y el agua, es el agua, lo que transforma todo en belleza, porque se estanca en la transparencia de su propio fango. Y no es un charco, tampoco una marisma, podría ser ciénaga pero va en línea recta y cruza el trigal para perderse en la nada de un barbecho estéril. La zanja es una vena artificial que diseña el hombre en su tarea campesina. Las aves lo celebran chapoteando sus alas cuando ya el calor dora los campos.
Me adentro en su cauce. Me seduce la tierra, el agua, el barro… La superficie de lo desconocido. Mis pies se adentran en la arcilla. Me detengo. Entre dos piedras una serpiente observa mis pasos. La zanja está habitada. Soy una intrusa.

©Julie Sopetrán

GORRIONES

Estamos solos porque no miramos a nuestro alrededor.

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Estamos solos porque no miramos a nuestro alrededor

Cada mañana, cuando abro la puerta de casa, viene una bandada de gorriones, saben que les voy a echar unas migas de pan y, ahora en invierno, lo agradecen. Ya nos conocemos, no concibo este campo sin ellos. Sé que actualmente están en peligro de extinción, más de veinticinco millones han desaparecido en los últimos años en nuestro país, según informan los ornitólogos.

La mañana está fría, es invierno, el sol se esconde, juega entre las nubes, nos da su luz, su calor. Los gorriones lo saben, buscan solanas en el tejado de placas onduladas de cemento y amianto, los veo desde mi ventana, toman el sol mientras pían y bailan dando esos pequeños saltos que alegran la monotonía del instante…

Y pensaba que estaba sola. Y no me hubiera dado cuenta si no miro. Y ellos están aquí, tan cerca, guardando las distancias… Cada uno en su sitio, pero cerca, muy cerca, llenando esos vacíos que son tiempo.

®Julie Sopetrán 

PARAÍSOS CERCANOS

Cuando los lugares se transforman en la mirada…

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Todos los lugares están habitados por alguien que no vemos. Son como paraísos perdidos que reaparecen. De repente tienen formas  y están con nosotros como siempre lo estuvieron, pero han pasado desapercibidos hasta ese momento mágico en que los vemos. Nos vienen en silencio sus palabras, sus colores, sus formas, sus espacios fríos, calientes, tibios, creados para la vida y la meditación o simplemente para disfrutar de su esencial belleza.
Por este paisaje pasaba todos los días, pero no lo vi hasta que un día, nevó.  Algo estalló en la mirada que transformó la perspectiva de un mundo nunca antes contemplado. No dejaba de ser el mismo de todos los días. ¿O era otro? Y  fue así como analicé no sólo el trabajo laborioso, básico y artístico del campesino, sus dibujos hechos con la reja del arado, la belleza de la tierra, su geometría, el cosmos, el laberinto y ¿por qué no? la poesía que emana de cada lugar… Me ha llevado años reposar las imágenes y ver los contenidos. Y todavía estoy pensando si he descubierto algo o sólo es fantasía lo que destapa el instante al mirar tantos paraísos cercanos donde habito. 

©Julie Sopetrán

GIRASOL DEL INSTANTE

Sólo el Amor puede salvar al mundo de su hastío.

 

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Sólo el Amor puede salvar al mundo de su hastío.

El Amor es un sol, un girasol, un pequeño dios que nos invade.
El Amor verdadero es esa conjunción del bien que se manifiesta en nuestras acciones.
Es el centro mismo de la flor, corazón y latido que irradia bondad, verdad, ternura.
El Amor es aquello que nos viene de lejos para sentirlo cerca.
Es la idea en su plenitud de conjunto.
El Amor es lo que más brilla en nosotros.
El Amor es la fuerza que regenera lo imposible y aquello que imaginas generosamente.
El Amor es lo divino que llevas dentro y si alguna luz hay en las tinieblas es el Amor.El Amor es todo lo que oscila en tu voz cuando anochece…

Porque Amor, es ser yo misma en ti mismo.

©Julie Sopetrán

HUELLAS EN LA ARENA

Todo es la síntesis de lo desconocido.

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El alma quedó impresa en la huella
madre abrazando a su hijo, dibujo abstracto, estela
trazo de sensaciones
tres, cuatro, cinco en el abrazo de las coincidencias
Suavidad de la arena, conexión con las formas
geométricas
y estaba allí la piedra, templo y montaña o diminuto pozo
de visual nitidez cósmica.
Y todo lo hizo el agua en los espacios de la arena
obra de arte ajena al mar en el conjunto
ideológico del símbolo, como si fuera una elevación gradual del instante
creando en el contacto de los dedos con la arena,
la ilusión óptica y efímera de las formas.
El sol comunicó su esencia en la sombra para entender el probable significado
del nervio de la bóveda que es piedra. Y no, no es el dedo de Dios,
es el de una mujer
caminando sola por la playa a la búsqueda del sentido indudable
que concreta lo real en lo abstracto.
No, no se puede leer lo que está escrito, el agua altera el lenguaje
y la armonía es momento. Todo es la síntesis de lo desconocido
y el Arte, todo el Arte es nuestra huella.

 ©Julie Sopetrán

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