LA CIGÜEÑA

Desde aquella lejana infancia…¡FELIZ NAVIDAD!

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LA CIGÜEÑA                        

Ayer por la tarde contemplé un sorprendente espectáculo. Más de quinientas cigüeñas llegaron a la chopera frente a casa armando un gran revuelo en el entorno. Algunas se instalaron en los viejos almendros, otras, se posaron en los palomares… Fue todo un jolgorio entre los árboles. Sin duda prefieren las alturas. Pensé que no es la época, su paso o su presencia por estas tierras, suelen hacerlo en Febrero. Por algo los campesinos repiten el refrán: “Por San Blas, la cigüeña verás”. Es una preciosa ave de paso, alta, elegante, su cuello estilizado, su cuerpo blanco y sus alas negras como el día y la noche. Desde niña la vi hacer su nido en la torre de la Iglesia de mi pueblo, me parecía una diosa. Cuando nacía algún niño fuera varón o hembra, mi abuela, me decía que lo había traído la cigüeña y desde mi creencia la admiraba pensando en su hermoso oficio de traer seres a este mundo. No sé si han escuchado su crotorar o su castañetear, ese ruido de tambor que hacen con su pico alargado… Ahora recuerdo que con aquellas enseñanzas de la abuela, yo asociaba el nacimiento del Niño Dios con la cigüeña, y pensaba que había sido ella, quien había llevado  al Niño Jesús al Portal de Belén… Hoy, al verlas en Navidad, me gustó recordar aquellos pensamientos de la infancia, tan lejos y tan cerca del misterio.  Y recordando aquella inocencia de mi lejana infancia, deseo a mis lectores y amigos una FELIZ NAVIDAD.  

 ©Julie Sopetrán